Meditación para la Abundancia

20 de agosto de 2009
Siéntate cómodo, suelta cualquier vestimenta ajustada, cerciórate que tu columna esté en línea recta, cierra suavemente tus ojos. Puedes poner tus manos sobre los muslos, respira profundamente y libremente, concéntrate en cada respiración siendo conciente de cómo el aire entra a tu organismo por la nariz y pasa por los pulmones, bajando hasta el estómago, sé conciente de cómo el aire sale de tu organismo por la nariz.
  • Siento cómo en cada inspiración estoy abrazando la vida.
  • Respiro lento y profundo.
  • Siento cómo en cada inspiración le estoy dando la bienvenida a una mayor vitalidad.
  • Respiro lento y profundo.
  • Siento cómo en cada inspiración está entrando el amor: me lleno de sentimiento.
  • Respiro lento y profundo.
  • Siento cómo en cada inspiración está entrando la alegría.
  • Respiro lento y profundo.
  • Siento en cada inspiración cómo el aire entra a mis células y se llena de energía que recorre mi organismo.
  • Respiro lento y profundo.
  • Siento en cada inspiración cómo mi organismo se va relajando.
  • Respiro lento y profundo.
  • Siento mis hombros, mi mandíbula, mi espalda, todo mi cuerpo, siento cómo se van soltando todos mis músculos, dejo fluir la energía en mi organismo.
  • Respiro lento y profundo
  • Elijo vivir mi vida con abundancia y prosperidad, desde hoy me permitiré tener lo que necesito en cada momento.
  • Respiro lento y profundo, tomando conciencia de mi propia vida, de mis pensamientos, de mis sentimientos, de mi ser completo.
  • Respiro lento y profundo.
  • Recuerdo que estoy conectado a la sabiduría y energía vital. Desde hoy, se abren para mí posibilidades para comenzar una vida plena, llena de evolución a todos los niveles.
  • Acepto la prosperidad y abundancia en mi vida, presto atención a mi ser interno, sigo mi corazón, él me guía y disfruto del milagro de la vida en cada momento, en cada respiración.
  • Respiro profunda y lentamente.
  • Mi relación con el dinero es cada día más saludable. Mis ingresos aumentan constantemente y mis gastos permanecen igual o disminuyen. Mis necesidades se ven cubiertas.
  • Elijo tener pensamientos de abundancia que me nutran y sustenten.
  • Respiro lenta y profundamente.
  • Le doy la bienvenida a la abundancia de alegría, de amor y de dinero a mi vida.
  • Respiro profundamente y lentamente, siendo conciente de cómo va pasando el aire a mi organismo, a cada una de mis células y acepto la prosperidad en mi vida, tomando conciencia de todas mis cualidades positivas. Me abro para recibir y aceptar ideas nuevas y maravillosas, me permito elegir que entre la prosperidad en mi vida, como jamás había entrado antes.
  • Merezco lo mejor y elijo aceptarlo. Mis ingresos van en constante aumento, retiro todo pensamiento de pobreza y entro a la prosperidad, amándome cada día más, alegrándome de ser quien soy, sabiendo que la vida esta aquí para mí y me proporciona todo lo que necesito.
  • Respiro profundo y lentamente siendo conciente.
  • Voy de alegría en alegría. De abundancia en abundancia. Siento mi poder de crear. Siento mi respiración. Siento el poder del sonido. Siento el poder del sol. Siento el poder de la tierra. Siento el poder del agua. Siento el poder del aire. Siento el poder del fuego transmutador.. Siento el poder de mi amor. Siento el poder de mi perdón. Siento el poder de mi buena disposición a cambiar. Siento el poder de mi elección de vivir mi vida en abundancia y prosperidad.
  • Respiro profundo y lentamente.
  • Relajo el cuerpo y la mente. Visualizo sobre mi cabeza un rayo de luz dorado, que viene desde el Sol, emitiendo una energía dorada, hacia mí. Me voy llenando de esa luz que contiene el amor y la sabiduría divinos. Rebosa y penetra por la parte superior de mi cabeza, llenándome de luz, salud, sabiduría y abundancia todos las partes de mi cuerpo, equilibrando mi ser, iluminando todos mis cuerpos. Esa luz dorada que penetró por mi cabeza y recorrió mi cuerpo, conecta ahora con el magma o centro de la tierra para anclarme a la Madre Tierra y compartir mi bienestar.
  • Estoy tan lleno de esa luz que sale de mí y se derrama por mi casa, por mi barrio, por mi ciudad, por mi país, y por todo el planeta, atrayendo el amor, la sabiduría y la abundancia del universo.
Quédate ahora en silencio y permanece en el más completo estado de sosiego para recibir e irradiar todas esas bendiciones y compartirlas con la tierra.

Agradece la conexión a tu Yo Superior, a todos y a Dios.

Fuente: Por Laura Foletto, enviado por Recorridos del alma www.recorridosdelalma.com.ar

Tú tienes el reloj, yo tengo el tiempo... (Entrevista a un tuareg)

14 de agosto de 2009

Entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a: MOUSSA AG ASSARID

No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...!

Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo

- ¡Qué turbante tan hermoso...!

- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.

- Es de un azul bellísimo...

- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...

- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?

- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.

- ¿Por qué?

- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.

- ¿Quiénes son los tuareg?

- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.

- ¿Cuántos son?

- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.

- ¿A qué se dedican?

- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...

- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?

- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.

- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?

- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!

- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..

- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.

- Saber eso es valioso, sin duda...

- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!

- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?

- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!

- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?

- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...

- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...

- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.

- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?

- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...

- ¿Tanto como eso?

- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.

- ¿Qué pasó con su familia?

- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...

- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?

- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...

- Y lo logró.

- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.

- ¡Un tuareg en la universidad. ..!

- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.

- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?

- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!

- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.

- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...

- Fascinante, desde luego...

- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...

- Qué paz...

- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo...


¡Gracias Pablito C.G. por haberme enviado esta entrevista maravillosa!


¿Cuál es la barrera que necesitas romper?

Durante miles de años, se sabía que ningún ser humano podía correr una milla en cuatro minutos; era físicamente imposible.

Pero Roger Bannister demostró lo contrario cuando corrió una milla en 3 min 59 s.

¿Cómo lo hizo?
Visualizó mentalmente su triunfo con tanta intensidad que su certeza transmitió a su cerebro una orden inequívoca y consiguió unos resultados físicos a la altura de su aspiración.

Siguiendo los pasos de Bannister y su confianza en poder hacerlo,
varios otros corredores consiguieron repetir su hazaña en menos de un año.

¿Cuál es la barrera que necesitas romper?

¿Qué es aquello que, desde tu perspectiva actual, te parece imposible pero que si tuvieras la certeza de que se puede hacer -y lo hicieras- no sólo cambiaría tu vida sino también las vidas de los que te rodean?

Fuente: Anthony Robbins - Pasos de Gigante.